Terapia de pareja, sesiones online

Terapia de pareja en Barcelona

Casi nadie pide hora el día que el problema empieza. Se pide dos o tres años después, cuando ya os sabéis la discusión de memoria y podríais recitarla entera sin llegar al final. Se puede venir bastante antes de eso. Y aunque lleguéis tarde, sigue habiendo trabajo que hacer.

Somos tres terapeutas de Barcelona y trabajamos desde la Gestalt. Las sesiones de pareja son online, por videollamada, duran una hora y las hacemos en castellano o en catalán. Podéis conectaros juntos desde el mismo sofá o cada uno desde donde esté; más abajo os contamos cómo se sostiene cada opción, porque no dan lo mismo.

Lo primero que solemos decir es que casi nunca se discute por lo que parece. Se discute por los platos, por el móvil, por cómo hablaste con tu madre en la comida del domingo. Debajo hay algo que lleva meses sin decirse y que ya no encuentra momento de decirse. El trabajo consiste en llegar hasta ahí sin que la conversación se rompa antes.

No os vamos a prometer nada sobre cómo acaba esto. Hay parejas que salen con ganas de volver a intentarlo y parejas que descubren que lo que necesitaban era separarse sin destrozarse. Las dos cosas son un resultado del trabajo, no un fracaso del trabajo.

Cuándo tiene sentido pedir hora (y cuándo se pide tarde)

El momento razonable es cuando notáis que la misma conversación ya no lleva a ninguna parte. No hace falta que haya pasado nada grave. Basta con que os hayáis oído decir «esto ya lo hemos hablado» tres veces en un mes, o con que hayáis dejado de sacar ciertos temas porque os sabéis cómo terminan.

Lo que vemos casi siempre es otra cosa: la mayoría llega bastante después. Han pasado dos o tres años desde que aquello empezó a torcerse y en ese tiempo se han ido acumulando cosas que ya no se dicen. Se puede trabajar igual, pero cuesta más, porque hay que retirar muchas capas antes de llegar a lo que de verdad está en juego.

Y sí, hay un punto en que se llega tarde. Cuando uno de los dos ya ha tomado la decisión por dentro y viene solo para poder decir que lo intentó, eso se nota en sesión. Cuando pasa, lo nombramos. A veces entonces el trabajo deja de ser cómo seguir juntos y pasa a ser cómo separarse sin haceros más daño del necesario, sobre todo si hay hijos de por medio.

Qué pasa dentro de una sesión de pareja

La primera sesión suele empezar con una pregunta sencilla y difícil: qué os ha traído hoy. Habláis los dos, por turnos, y lo normal es que aparezcan dos versiones que no se parecen demasiado. Eso no es un obstáculo; es exactamente el material con el que se trabaja.

A partir de ahí miramos dos cosas a la vez. Lo que contáis, claro, pero sobre todo lo que hacéis mientras lo contáis: quién sube el tono, quién se calla y mira a otro lado, en qué segundo exacto dejáis de escucharos. Esa secuencia la repetís en casa mil veces y nunca la habéis visto desde fuera. Aquí ocurre delante, y se puede parar a mitad.

También paramos cuando hace falta. Una sesión de pareja no es la discusión de casa con alguien mirando: si la conversación se va, se corta y se vuelve a un punto donde todavía os oíais. Cada uno va a su ritmo, y nadie tiene que soltar el primer día algo que lleva años guardado.

Lo que no hacemos

No repartimos razón. Conviene decirlo pronto, porque mucha gente viene con la esperanza de que alguien de fuera diga por fin quién tenía razón en aquello del verano pasado. No lo vamos a hacer, y no es por prudencia: es que averiguar quién tiene razón no ha desatascado nunca a una pareja.

Tampoco os vamos a decir si seguir juntos o separaros. Esa decisión es vuestra y solo se puede tomar desde dentro. Lo que sí se puede es que la toméis con todo encima de la mesa, en lugar de tomarla en mitad de un portazo o después de meses de silencio administrado.

Y aquí no hay aliados. Ninguno de los dos va a encontrar a alguien que le dé la razón contra el otro, ni siquiera cuando uno hable mejor o llegue con el relato más ordenado. Si en algún momento notáis que os estamos tratando distinto, se dice en voz alta dentro de la sesión y se mira.

Si uno de los dos no quiere venir

Es de lo más habitual. Casi siempre hay uno que lleva meses proponiéndolo y otro que lo vive como una encerrona para que le digan lo que hace mal. Arrastrar a alguien sirve de poco: quien viene obligado se sienta a defenderse durante una hora y de ahí sale poca cosa.

Lo que sí funciona es empezar tú solo. Un proceso individual sobre tu pareja no es un plan B. Puedes mirar qué haces tú en ese baile, qué estás sosteniendo, qué llevas años sin decir por miedo a lo que se puede liar. Eso ya mueve algo en casa, aunque el otro no se siente nunca delante de la cámara.

Y pasa a menudo que, meses después, el que no quería venir acaba viniendo. A veces porque ha notado cambios; a veces porque se le ha caído el miedo a que le señalen. Si llega ese momento, se puede pasar a un trabajo de pareja, y valoramos entre nosotros quién de los tres es mejor que lo lleve. Somos tres precisamente para eso.

Cómo funciona la sesión por videollamada

Todas las sesiones son online. Al confirmar la hora os enviamos un enlace y con eso basta: no hay que instalar nada raro ni desplazarse. Dura una hora, y si preferís un rato más largo se reserva al pedirla. Nosotros somos de Barcelona, pero vosotros podéis conectaros desde donde estéis.

Si os conectáis juntos, funciona mejor un ordenador o una tablet apoyada que un móvil en la mano, y conviene sentaros de manera que quepáis los dos en la imagen. Necesitamos veros a la vez, porque buena parte del trabajo está en lo que hace uno mientras habla el otro. Buscad una hora en la que no haya nadie más en casa; si hay niños, esa es la parte que hay que resolver antes.

También se puede cada uno desde un sitio distinto: dos pantallas, dos casas, o uno desde el trabajo a última hora. Suena peor de lo que es. Cuando ya hay una separación de por medio, cuando uno viaja mucho o cuando estar en la misma habitación calienta la conversación antes de empezar, conectarse por separado es lo que hace que la sesión sea posible. Lo importante es que cada uno esté solo en su habitación y con auriculares.

FAQ

Preguntas que nos hacen antes de empezar

Vivimos fuera de Barcelona. ¿Podemos hacer terapia de pareja online igualmente?

Sí. Todas las sesiones son por videollamada, así que no hace falta que viváis en Barcelona ni que os desplacéis a ningún sitio. Nosotros somos de aquí y atendemos en castellano y en catalán. Lo único que necesitáis es una hora tranquila y un lugar donde poder hablar sin que os interrumpan.

¿Cuánto dura un proceso de pareja?

No hay un número que podamos daros de antemano, y desconfiad de quien os lo dé. Hay parejas que en unos meses colocan aquello que las tenía atascadas y otras que necesitan más recorrido. Lo habitual es vernos con cierta regularidad al principio e ir espaciando, y cada cierto tiempo paramos a revisar si esto sigue teniendo sentido.

Ya hemos hablado de separarnos. ¿Es tarde para venir?

No necesariamente, aunque el trabajo cambia de forma. Cuando la separación está encima de la mesa, muchas veces lo que se trabaja no es cómo seguir juntos sino cómo separarse sin arrasar con lo que queda, sobre todo si hay hijos. Eso también es terapia de pareja, y a menudo es lo más útil que se puede hacer en ese punto.

Ha habido una infidelidad. ¿Se puede trabajar eso aquí?

Sí, y es uno de los motivos más frecuentes por los que una pareja pide hora. Aquí no se organiza un interrogatorio sobre los detalles ni se busca un culpable. Se trabaja con lo que se rompió, con lo que ya había antes de que se rompiera y con qué quiere hacer ahora cada uno, que casi nunca es lo mismo para los dos.

¿Podemos tener alguna sesión por separado?

A veces sí. Hay momentos en que ver a cada uno a solas ayuda a entender algo que en pareja no llega a salir. Cuando se hace, se acuerda con vosotros antes y se dice para qué. Lo que no hacemos es guardar secretos de uno frente al otro: si algo tiene que estar en la sesión de pareja, se habla de cómo llevarlo allí.

¿Con quién de los tres vamos a trabajar?

Nos escribís contando un poco qué os pasa y os proponemos con quién empezar, según lo que traigáis y cómo cuadren las agendas. Somos tres y no trabajamos igual. Si al cabo de unas sesiones notáis que con esa persona no acabáis de encontraros, se dice y se cambia; no es un fracaso de nadie.

Quien escribe casi siempre es uno de los dos

Lo normal es que escriba uno y el otro llegue después, con más dudas y menos ganas. No pasa nada. Contadnos en cuatro líneas qué está ocurriendo y cómo os va de horarios, y lo ordenamos ya en la primera sesión. Contestamos nosotros, no un formulario automático. Preguntar no os compromete a nada, y si vemos que lo que necesitáis no es esto, os lo diremos.