Terapia online

Terapia online, y no como segunda opción

Es probable que llegues con una sospecha razonable: que por videollamada la cosa se queda a medias. Nosotros trabajamos así con todo el mundo y no es un apaño ni un plan B. Aquí te contamos cómo funciona de verdad, qué necesitas de tu lado y en qué situaciones no te lo recomendaríamos.

Somos de Barcelona y todas nuestras sesiones son online, por videollamada. Duran una hora, y si prefieres un rato más largo se reserva al pedir la cita. Atendemos en castellano y en catalán, y da igual desde dónde te conectes.

La duda de fondo suele ser si a través de una pantalla se puede hacer un trabajo serio. Nuestra experiencia dice que sí, y que lo que marca la diferencia no es el medio: es si te sientes cómodo con quien tienes delante y si puedes hablar sin tener que cuidar la forma. Eso ocurre o no ocurre igual en una sala que en una videollamada.

Dicho esto, el online no da lo mismo en todo ni le sirve a todo el mundo. Hay cosas que cambian y conviene saberlas antes, no descubrirlas a la tercera sesión. Están todas más abajo, incluidas las que juegan en nuestra contra.

Si funciona igual que en persona

La respuesta honesta es que se parece mucho más de lo que la gente espera. Lo que sostiene un proceso es el vínculo con tu terapeuta y tu disposición a mirar lo que traes, y ninguna de las dos cosas vive dentro de una sala. A los diez minutos de la primera sesión casi nadie sigue pensando en la pantalla.

Sí hay diferencias reales, y no vamos a fingir que no. Se pierde parte de la información del cuerpo: la cámara te enseña una cara y poco más, y los pies inquietos o la manera de recolocarte en la silla quedan fuera de cuadro. Lo compensamos preguntando más y en voz alta —qué te está pasando ahora, dónde lo notas—, así que lo que en una sala se ve, aquí se nombra. A muchas personas eso les acaba resultando más útil que incómodo.

Y hay cosas que el online da y lo presencial no. Estás en tu terreno, no en el de nadie. Cuando termináis, no tienes que recomponerte para bajar en un ascensor con desconocidos ni cruzar media ciudad con la cara de haber llorado. Hay quien dice desde su propia habitación cosas que no diría sentado en un sillón ajeno.

Lo que necesitas de tu lado

Tres cosas, y ninguna es cara. Una hora libre de verdad, sin una reunión pegada al final ni la comida en el fuego. Un sitio donde puedas hablar en voz alta sin que entre nadie y sin tener que bajar el tono. Y una conexión decente, que no quiere decir fibra: quiere decir que aguante una videollamada sin cortarse cada dos minutos.

El sitio es lo que más cuesta. Si en casa hay gente, valen los auriculares y una puerta cerrada; también vale el coche aparcado en un sitio tranquilo, y no serías el primero que hace ahí su sesión. Lo que no funciona es una cafetería, una oficina con cristales o cualquier lugar donde estés pendiente de quién pasa por detrás. Si estás vigilando, no estás hablando.

Del resto no te preocupes. Al confirmar la hora te llega el enlace y se abre desde el ordenador o el móvil; si nunca has hecho una videollamada así, dilo y lo probamos antes con calma. Y ten agua y pañuelos a mano: es el consejo más tonto de esta página y el que más se agradece.

Si te emocionas y estás solo en casa

Es la pregunta que más gente trae y que casi nadie escribe: qué pasa si me rompo aquí, en mi salón, y luego cuelgo y no hay nadie. Es una duda legítima y tiene respuesta.

Lo primero es que no se cuelga de golpe. Los últimos minutos de la sesión están para eso: bajar, volver, mirar cómo te vas. Tu terapeuta no va a abrir algo grande a falta de cinco minutos, y si el día se ha puesto cuesta arriba se cierra despacio, se habla de qué vas a hacer al terminar y, si hace falta, se acuerda cómo seguir antes de la próxima cita.

Lo segundo es tuyo y es práctico: deja margen después. No encadenes la sesión con una reunión ni con ir a buscar a los niños. Media hora para dar una vuelta, ducharte o no hacer nada. Llorar solo en casa no es un accidente del formato; a veces es justo el sitio donde uno puede permitírselo sin tener que explicarse.

Confidencialidad, en concreto

Lo que cuentas en sesión no sale de ahí, y eso no cambia por ser online. En la práctica significa cosas concretas: no se graba nada, ni imagen ni audio, ni por nuestra parte ni por la tuya. La videollamada va cifrada y del otro lado hay una habitación con la puerta cerrada, sin nadie más y con auriculares.

Si tu terapeuta toma notas, son suyas y no llevan tu historia entera escrita. Entre nosotros tres hablamos de agendas y de con quién encaja mejor cada persona, no del contenido de tus sesiones. Y si en algún momento hiciera falta compartir algo con alguien de fuera, se te pediría permiso antes y podrías decir que no.

Hay una parte que solo puedes poner tú: cerrar la puerta, usar auriculares y no hacer la sesión donde alguien pueda oír media conversación y sacar sus conclusiones. La confidencialidad online se sostiene entre los dos.

Para quién encaja bien, y para quién no

Hay vidas a las que el presencial no entra. Turnos que cambian cada semana, jornadas que acaban a las nueve, un bebé que duerme a las ocho y una pareja que llega tarde. Por videollamada la sesión cabe en un hueco real: no hay que sumarle cuarenta minutos de metro ni buscar con quién dejar a los niños.

También encaja si vives fuera de Barcelona, o fuera de España, y quieres hacer terapia Gestalt online en tu idioma; si te mueves con dificultad o hay días en que salir de casa es justo la parte difícil; si viajas por trabajo y no quieres que el proceso se interrumpa cada tres semanas; o si en un sitio pequeño la idea de que te vean entrar te frena más que la terapia en sí. Las parejas y las familias lo agradecen especialmente: cuadrar una hora es más fácil que cuadrar tres agendas y un desplazamiento.

Y ahora lo que juega en nuestra contra. El online no es lo indicado si estás en una situación de riesgo o en una crisis que necesita atención inmediata: eso pide un recurso presencial y con capacidad de respuesta, y no somos nosotros —ahí lo que toca es el 112, o el 024 si aparecen ideas de suicidio. Tampoco lo recomendamos si no tienes ningún sitio donde hablar tranquilo, porque una sesión susurrada no da para mucho; si convives con alguien de quien no podrías hablar libremente estando en la misma casa; ni cuando lo que ocurre necesita antes una valoración médica o el seguimiento de un profesional sanitario. Y con niños pequeños en sesión familiar se nos queda corto: a esas edades se trabaja con el cuerpo y con el juego, y eso una pantalla no lo sostiene.

FAQ

Preguntas que nos hacen antes de empezar

¿Necesito instalar algo o saber de tecnología?

No. Al confirmar la cita te llega un enlace por correo y se abre desde el ordenador o el móvil. Si nunca has hecho una videollamada así, dínoslo y hacemos una prueba corta unos días antes, sin prisa. Si puedes elegir, mejor ordenador que móvil: se sostiene solo y la cámara no baila.

¿Podéis atenderme en catalán?

Sí. Somos tres terapeutas de Barcelona y trabajamos en castellano y en catalán, y puedes cambiar de lengua a mitad de frase si te sale así. Mucha gente busca psicoterapia online en catalán y no es un capricho: hay cosas que solo se pueden decir en la lengua en la que se vivieron. Dinos en qué idioma prefieres las sesiones cuando escribas.

Vivo fuera de España. ¿Puedo hacer sesiones con vosotros?

Sí, siempre que consigamos cuadrar la hora. Trabajamos en horario peninsular español, así que con Europa no suele haber problema y con América depende de la franja que te sirva. Cuéntanos desde dónde te conectas cuando escribas y miramos si hay hueco real; si no lo hay, te lo decimos.

¿Y si se corta la conexión a mitad de sesión?

Pasa, y no es un drama. Si no vuelves en un par de minutos, tu terapeuta te llama al teléfono y se sigue por ahí o se busca otro momento. Nadie pierde una sesión por un fallo de red.

Prefiero ir a un despacho. ¿Hacéis sesiones presenciales?

No, todas nuestras sesiones son online. Preferimos decírtelo en esta página y no cuando ya nos hayas escrito. Si para ti lo presencial es una condición y no una preferencia, hazle caso y busca a alguien cerca de casa; escríbenos igualmente si quieres y te orientamos.

¿Sirve el online para terapia de pareja o de familia?

Sí, y muchas veces es lo que hace que la cita llegue a ocurrir. Podéis conectaros desde el mismo sitio, cada uno con su silla y sin taparse en cámara, o desde sitios distintos si estáis separados o alguien viaja. Lo único que pedimos es que sea un rato protegido: sin niños entrando, sin cocinar de fondo y con los móviles fuera.

Lo demás se ve en la primera sesión

Puedes escribirnos y preguntar lo que quieras antes de reservar nada: si tu conexión va a servir, si prefieres probar diez minutos de vídeo antes de empezar, si te encaja mejor en catalán o si lo que traes es siquiera para nosotros. Contestamos nosotros, no un formulario automático, y preguntar no te compromete a nada. Y si al empezar notas que por pantalla no te encuentras, se dice y se para: no hace falta que lo justifiques.